La paradoja entre la economía medida y la economía vivida en Centroamérica
¿Estabilidad para quién?
Por Jesse J. De León
Publicado en la revista quincenal del ICAP — Octubre 2025
“No se trata
de cuánto crece el PIB, sino de cuántas mesas se llenan.”
—
Adaptación de una frase popular en foros ciudadanos centroamericanos
¿Por qué no alcanza el dinero? Disociación entre indicadores oficiales y percepción ciudadana
En Centroamérica, la narrativa económica dominante se sustenta en la proclamada estabilidad macroeconómica. Gobiernos y bancos centrales de la región —desde el Banco Central de Costa Rica hasta el Banco de Guatemala (BANGUAT)— enfatizan sistemáticamente los bajos niveles de inflación y la estabilidad cambiaria como señales de éxito económico. Por ejemplo, el Banco de Guatemala reportó en 2024 una inflación anual del 1.17%, considerada una de las más bajas de América Latina (BANGUAT, 2024). De forma similar, el Banco Central de Honduras registró una inflación del 4.3%, mientras que El Salvador se mantuvo alrededor del 3.5% (CEPAL, 2024).
Sin
embargo, esta estabilidad “técnica” contrasta radicalmente con la percepción de
los hogares centroamericanos, que experimentan un deterioro constante de su
poder adquisitivo. El presente análisis busca confrontar las cifras oficiales
con la realidad microeconómica, utilizando el caso de Guatemala como ejemplo
empírico para ilustrar una problemática estructural compartida por toda la
región: la inflación diferencial y la erosión de la capacidad adquisitiva real.
I. Metodología de Confrontación: Inflación Percibida vs. Inflación Oficial
La
inflación oficial en los países centroamericanos se mide mediante el Índice de
Precios al Consumidor (IPC), cuya metodología difiere levemente entre países.
No obstante, todos comparten limitaciones estructurales: bases de datos
desactualizadas, canastas de consumo que no reflejan los patrones modernos y
ponderaciones que subestiman los bienes esenciales (INE, 2024; Banco Central de
Costa Rica [BCCR], 2024).
En
el caso guatemalteco, un ejercicio ilustrativo permite visualizar la brecha
inflacionaria real. Tomando el precio del litro de leche en el año 1999 era de Q6.25
y su valor actual en el año de 2025 asciende a Q18.30, el aumento acumulado
equivale al 193%, muy por encima del promedio inflacionario anual reportado
oficialmente durante el mismo periodo. Este fenómeno es similar en países como
Honduras y Nicaragua, donde los productos básicos —huevo, aceite, frijol y arroz—
han experimentado incrementos acumulados del 200% al 350% en dos décadas
(CEPAL, 2024).
Costa
Rica, a pesar de su relativa fortaleza institucional y macroeconómica, no
escapa a esta dinámica. Aunque exhibe uno de los salarios mínimos más altos de
la región —726 dólares mensuales en 2025, tras un ajuste del 2.37%—, sin
embargo, la ciudadanía percibe un deterioro constante de su bienestar
económico. Testimonios recogidos en San José a inicios de 2025 reflejan una
queja recurrente: “trabajamos solo para sobrevivir”. Esta percepción se
sustenta en el encarecimiento sostenido de rubros esenciales: alquileres que
oscilan entre 500 y 1,300 dólares mensuales según la zona, una canasta básica
de 150 a 250 dólares, y servicios básicos (agua, electricidad, internet) que
suman alrededor de 115 dólares adicionales. Incluso para un profesional con
título universitario —cuyos ingresos promedio rondan los 1,600 dólares—, el
costo de vida individual puede superar los 2,000 dólares mensuales, mientras
que una familia promedio requiere más de 3,000 dólares para cubrir sus
necesidades básicas y aspiracionales.
II. El Salario Mínimo: Un Aumento Nominalmente Alto, Realmente Insuficiente
En
toda la región, los salarios mínimos nominales han mostrado incrementos
notables. Sin embargo, su poder adquisitivo real ha disminuido. En Guatemala,
el salario mínimo mensual pasó de Q722.00 en 1999 a Q3,973.05 en 2025 (MINTRAB,
2025). Aunque el incremento nominal es del 450%, los precios de bienes
esenciales crecieron en proporciones equivalentes o mayores.
Situaciones
similares se observan en Honduras, donde el salario mínimo en 2024 fue de
L11,415.00 frente a L2,800.00 en 2000, o en El Salvador, con un aumento del
150% nominal en una década, sin reflejar mejoras proporcionales en bienestar
real (Organización Internacional del Trabajo [OIT], 2024). En Costa Rica, pese
a que el salario mínimo supera ampliamente al de sus vecinos en términos
nominales, la presión inflacionaria en vivienda, transporte y alimentos
erosiona cualquier ganancia real, generando una paradoja: el país con el
salario mínimo más alto de Centroamérica también registra una de las
percepciones más agudas de insuficiencia económica.
Esta
contradicción revela una tendencia estructural: los aumentos salariales
nominales no compensan el alza diferencial en los costos de vida esenciales,
erosionando la capacidad adquisitiva del trabajador centroamericano promedio.
III. Factores Explicativos de la Insuficiencia Salarial
A. Inflación diferencial por categorías de bienes
esenciales
La inflación regional no afecta por
igual a todos los sectores. Los precios de alimentos, transporte, vivienda y
servicios básicos han mostrado un crecimiento muy superior al promedio general.
Según la CEPAL (2024), la inflación acumulada 2000–2024 por categorías en
Centroamérica puede estimarse así:
·
Alimentos
y bebidas no alcohólicas: entre 250% y 400%.
·
Servicios
esenciales (salud, educación, transporte): entre 300% y 500%.
·
Vivienda
(alquiler y costos hipotecarios): entre 200% y 600%.
Esta “inflación por estrato” castiga
especialmente a los sectores de ingresos bajos, cuya estructura de consumo está
concentrada en los bienes con mayores incrementos. En Costa Rica, por ejemplo,
el alquiler en zonas urbanas centrales absorbe entre el 40% y el 70% del
ingreso de un trabajador no calificado, una proporción insostenible incluso con
un salario mínimo regionalmente competitivo.
B.
Transformación
de los patrones de consumo y expansión del costo de vida digno
Desde finales del siglo XX, las sociedades centroamericanas han experimentado
una transformación en sus patrones de consumo (Baudrillard, 1970). Elementos
como telefonía móvil, internet, transporte privado y educación privada se han
convertido en bienes casi indispensables para la integración social y
productiva. El costo de la vida “moderna” —y no solo de la supervivencia
básica— ha aumentado de forma significativa, sin que los salarios ni los
indicadores oficiales reflejen este cambio estructural. En Costa Rica, donde la
conectividad digital y la movilidad urbana son condiciones mínimas para la
participación laboral, estos gastos se han vuelto obligatorios, ampliando aún
más la brecha entre ingreso y necesidad.
C. Presión social, endeudamiento y economía
del deseo
La exposición a los medios digitales y
la cultura del consumo aspiracional (Veblen, 1899) han generado un fenómeno
regional de sobreendeudamiento y disonancia económica. Familias que buscan
mantener una apariencia de estabilidad o estatus recurren al crédito para
gastos no productivos (Akerlof & Shiller, 2009). Este patrón erosiona aún
más la estabilidad financiera de los hogares, haciendo que incluso ingresos
nominalmente crecientes resulten insuficientes —una dinámica presente tanto en
zonas urbanas de Guatemala como en los barrios periféricos de San José, en donde
la “diversión” tiene un costo al no haber lugares de recreación gratuitos como
parques naturales, juegos al aire libre, bosques, canchas de futbol, tenis o básquet
bol, entre otros y únicamente existen centros comerciales con cines, juegos electrónicos,
restaurantes y locales para terminar de exprimir la economía de las personas.
IV. Conclusión: La Necesidad de un Nuevo Indicador de Bienestar Regional
El
caso de Guatemala, representativo del fenómeno centroamericano, demuestra que
la estabilidad macroeconómica —baja inflación, estabilidad cambiaria,
crecimiento del PIB— no garantiza bienestar económico real. La desconexión
entre indicadores agregados y condiciones microeconómicas erosiona la confianza
ciudadana y amplía la informalidad laboral, que en la región supera el 65% del
empleo total (OIT, 2024).
Costa
Rica, a pesar de su posición privilegiada en términos de indicadores formales,
ejemplifica con crudeza cómo la economía vivida puede divergir drásticamente de
la economía medida. Allí, como en el resto de la región, la ciudadanía no
evalúa su bienestar por el IPC, sino por la capacidad de pagar el alquiler,
alimentar a sus hijos, acceder a internet o ahorrar para emergencias.
Por
tanto, es urgente —no solo indispensable— redefinir los fundamentos de la
política económica en Centroamérica. Ya no basta con celebrar cifras técnicas
mientras millones de hogares viven en la precariedad encubierta por la
“estabilidad”. Se requiere un modelo de bienestar integral, construido desde la
experiencia cotidiana: uno que incorpore la inflación diferencial en bienes
esenciales, calcule el costo real de una vida digna —no solo de la
supervivencia— y garantice acceso equitativo a servicios básicos, educación,
movilidad y conectividad. La economía no puede seguir siendo un asunto de
expertos aislados en torres de cristal; debe volverse una herramienta al
servicio de las personas, especialmente de quienes “trabajan solo para
sobrevivir”.
La
verdadera estabilidad no se mide en puntos porcentuales de inflación, sino en
la capacidad de una familia para dormir tranquila, saber que su salario
alcanzará hasta fin de mes y soñar con un futuro mejor. Solo cuando la
macroeconomía se alinee con la microrealidad —cuando el crecimiento económico
se traduzca en platos llenos, alquileres pagados, libros en las escuelas y
esperanza en las calles— podremos hablar de una estabilidad no solo sostenible,
sino justa, humana y profundamente centroamericana.
¿Y usted, qué
indicador usaría para medir su propio bienestar económico?
Fuentes
Akerlof, G. A.,
& Shiller, R. J. (2009). Animal spirits: How human psychology
drives the economy, and why it matters for global capitalism. Princeton
University Press.
Banco Central
de Costa Rica (BCCR). (2024). Informe de Política Monetaria y
Financiera 2024. Recuperado de https://www.bccr.fi.cr
Banco de
Guatemala (BANGUAT). (2024). Reporte de inflación y panorama
macroeconómico. Recuperado de https://banguat.gob.gt
Baudrillard, J.
(1970). La sociedad de consumo: Sus mitos, sus estructuras. Siglo
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Precios al Consumidor (IPC). Recuperado de https://www.ine.gob.gt
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Veblen, T.
(1899). The theory of the leisure class: An economic study of
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