Hablando de temblores y terremotos
Hace 252 años, el Reino de
Gvatemala viviría algo similar a lo que nosotros experimentamos en estos días,
solo que peor. Dos sismos de gran magnitud ocurridos el 28 de julio acabarían
con la capital de Santiago de los Caballeros acabando con cientos vidas,
destruyendo las casas coloniales, interrumpiendo la distribución de agua y
circulación de carruajes por los escombros y daños a las vías de la ciudad.
Muchas personas perdieron la vida
en el primer sismo y algunas sobrevivientes que se encontraban rescatando a sus
seres queridos o recogiendo las pocas pertenencias que les quedaba, perdieron
la vida en el segundo terremoto.
El cabildo destino doscientos
pesos para restablecer los hornos para hacer pan y distribución de agua para
atender a sobrevivientes de esta desgracia que estaban acampando en la
plaza de armas.
No había frutas, legumbres y demás productos del mercado, ya que todos los
indios agricultores y comerciantes que surtían de alimentos a la ciudad
salieron huyendo a las montañas para resguardar su vida y la de los suyos.
Muchos llegaron a preguntarle a Dios
¿el motivo por el cual estaba enojado con ellos? ¿acaso habían hecho algo
mal? O simplemente reclamaban que Él se olvidó de ellos, porque esa noche, esta
desgracia fue acompañada de una tormenta agravando la situación de rescate,
auxilio y reconstrucción.
Este evento fue aprovechado por la corona española para crear una estrategia
que restara el poder a la iglesia, quien tenía un peso político y una
injerencia muy grande en estas tierras, así que dio instrucciones para
trasladar la ciudad a otro lugar.
Así surge la idea de que
reconstruir la ciudad iba a ser más caro que construir una nueva, por lo que se
dividió la opinión entre dos grupos de acaudalados: los que sí querían
trasladar la ciudad y los que no. Se eligió entre el Valle de la Ermita y las
planicies de Jalapa. Ganó la primera por la extensa planicie y el fácil acceso
al agua potable y los lagos qué existían los lugares cercanos.
En río revuelto, ganancia de pescadores decía mi abuelita; y esta, no fue la
excepción, porque los ricos acaudalados que apoyaron el traslado se quedaron
con sus tierras en la antigua capital y se quedaron con nuevas propiedades en
la nueva capital en lugares exclusivos (cercano a la plaza de armas).
Por este motivo enviaron a
Guatemala a Luis Sorni desde España. Un joven arquitecto que ayudó a planear la
nueva ciudad. Los diarios de su familia fueron encontrados en una propiedad
abandonada por las orillas de la zona 1, en una casa modesta cercana al
barranco de la limonada.
Este libro está en elaboración y saldrá publicado en un futuro cercano.

Comentarios
Estamos en las manos del señor misericordioso