¿Solo criticar o también proponer?
Muchos nos encargamos de enfocarnos en lo negativo de los gobiernos, que debieran hacer esto, aquello y lo otro, sin embargo, no nos tomamos el tiempo para aterrizar en nuestra realidad y difícilmente hacemos una propuesta con la excusa de que "es la obligación del funcionario público hacer las cosas bien, porque para eso les pagan jugosos salarios". Escribo esto no solo como académico, sino como alguien que ha recorrido municipios y conoce sus necesidades de primera mano y a la vez, como trabajador de gobierno, quien se ha preparado para hacer funcionar y enlazar la relación del Estado con las Municipalidades.
Radiografía de la pobreza rural
En la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida 2023 (ENCOVI), del total de la población, el 56% son pobres y la mayoría vive en el área rural principalmente en los municipios de Alta y Baja Verapaz, El Quiché, Huehuetenango, Jutiapa, Jalapa y Santa Rosa. Allí no acaba nuestra realidad, porque existe una población que vive en extrema pobreza, representando el 16% del total de la población, centrada en su mayor parte en Alta Verapaz y a pesar de esa radiografía, no hay ninguna acción del gobierno que provoque un cambio o por lo menos la intención de reducir la pobreza.
Decisiones que contradicen nuestra realidad
Resulta que es muy contradictorio que el sector agrícola representa el 24% del Producto Interno Bruto y en estos días, el Ministerio de Economía en su Acuerdo Ministerial 155-2025 autoriza la importación sin aranceles del frijol negro y el maíz blanco hasta el 31 de diciembre del 2025. Estas medidas son como bien dice el ex ministro de finanzas y doctor Edgar Balsells "pan para hoy y hambre para mañana" porque comprometen los ingresos del Estado en el futuro.
Las políticas no son conjuros mágicos
Las políticas económicas deben ser transversales y en una misma dirección, para que todos los ministerios y secretarías puedan participar y unir sus esfuerzos de acuerdo a sus competencias y crear sinergia entre sí y lograr el objetivo. Los programas del Estado no son una formula mágica en donde se bate una varita y se dice un conjuro y de la noche a la mañana cambia la realidad. Estas tardan años en encausar y lograr el cambio deseado y es hasta cuando se cierra un ciclo para empezar el monitoreo para verificar la efectividad o si hay que realizarle algún ajuste necesario para ir el camino correcto (cumplir su objetivo). Una dificultad innegable en nuestro país es que se cambian autoridades cada cuatro años y el que viene, desmantela todo y empezamos nuevamente desde cero.
Una estrategia agroindustrial con rostro humano
Por lo tanto, el Banco de Guatemala que es una de las entidades mas estables, podría crear una política económica para sacar de la pobreza a las personas del área rural del país y eligiera al sector agroindustrial, podrían vincularse a otras políticas públicas para tener una secuencia lógica y que vayan en la misma dirección. Esta política económica podría complementarse con una política educativa que incluya la enseñanza técnico industrial y carreras que creen capacidades tecnológicas y/o de las nuevas formas para la siembra y cosecha de productos agrícolas para que junto con el Ministerio de Agricultura y Ganadería pueda aportar los fertilizantes, semillas mejoradas y complementar la capacitación a los estudiantes y agricultores que formen parte de este plan nacional agroindustrial. El Ministerio de Finanzas a través de la Superintendencia de Administración Tributaria, podría reducir los aranceles de importación de equipos de tecnología agroindustrial para apoyar este sector, creando inclusive zonas francas y el Ministerio de Economía podría tener una política que contribuya a enseñar a las personas para abrir las fronteras y establecer relaciones comerciales internacionales en diversos países y fomentar créditos blandos para la introducir tecnología en la agroindustria.
El rol clave de las municipalidades
Esta estrategia no debe centrarse solo en la exportación y tampoco es tarea solo del gobierno central. Otro actor clave en esta estrategia son las municipalidades del país; estas son las que conocen la realidad de sus municipios y las características de sus territorios y producir lo que el clima y demás aspectos demográficos les permiten y así poder incentivar el mercado local de productos de consumo diario interviniendo en el mercado agrícola para ya no depender de los grandes acopiadores quienes a sabor y antojo son lo que colocan los precios en el Guatemalan Wall Street, denominada La Terminal y el CENMA, entre otros.
Urge una visión compartida
Urgen políticas económicas que saquen a los guatemaltecos de la pobreza y que estas no sean aisladas y pretendan ser efectivas por sí mismas. por lo que planteo la siguiente inquietud: ¿Qué pasaría si por una vez en nuestra historia, unimos el conocimiento local de las municipalidades con el poder financiero del Estado y la visión técnica del sector educativo? Quizá, por fin, podríamos sembrar futuro en lugar de promesas.
Guatemala no cambiará de la noche a la mañana, pero sí puede empezar a hacerlo si alineamos nuestras capacidades, recursos y voluntades. Las políticas aisladas ya demostraron que no funcionan. Ahora toca diseñar estrategias que unan a los actores clave del país en torno a un mismo objetivo: que nadie tenga que emigrar por hambre, que nadie herede pobreza como destino.
Ya no es tiempo de improvisar ni de seguir repitiendo recetas
fallidas. Es tiempo de construir —desde la técnica, la comunidad y la voluntad
política— una ruta compartida hacia el desarrollo. Ya no basta con tener razón.
Hay que tener visión. Y decisión. La pregunta ya no es si se puede, sino: ¿Cuándo
vamos a empezar?
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